Actitud y aptitud de los empleados: diferencias e importancia

importancia actitud y aptitud

Actitud y aptitud son dos aspectos clave en la selección de candidatos. Se trata de elementos que serán decisivos en el rendimiento que ofrece cualquier trabajador. Se trata de dos características que se complementan entre sí. Pero también es importante valorar las diferencias entre actitud y aptitud.

La suma de la actitud y aptitud de un candidato serán las que marquen la diferencia con el resto. Es fundamental exponerlas en el currículum y demostrarlas en la entrevista de trabajo. Si quieres dar con el aspirante ideal para cualquier vacante, sigue leyendo.

Es algo que también podemos aplicar a la promoción interna y evaluación del desempeño. Estos dos valores nos pueden ayudar a identificar los diamantes en bruto, aquellos con un mayor margen de progreso. Pero también a aquellos empleados que no encajan, cuya incorporación fue un error.

¿Qué es la actitud?

Entendemos por actitud las pautas de comportamiento adquiridas con el paso del tiempo. La forma en que afrontamos la vida, los retos y las tareas u obstáculos que se nos cruzan. El modo de responder ante determinadas situaciones. Es una forma de actuar fruto de nuestra educación, y es difícil de cambiar.

Nuestra actitud viene condicionada por el conocimiento, nuestras vivencias afectivas, la familia, los prejuicios, la educación… Según se centre principalmente en lo bueno o en lo malo, hablamos de actitud positiva, negativa o neutra. Dependiendo de la situación, podemos mostrar una u otra aunque siempre hay una predominante.

Las empresas deben buscar candidatos con una actitud positiva. Son aquellos que se centran en lo positivo, aprenden de los errores y siempre miran hacia el futuro. Acostumbran a ser personas optimistas, alegres, humildes, tolerantes… También muestran compromiso con su empleo y motivación.

¿Qué es la aptitud?

Por su parte, el concepto aptitud hace referencia a las capacidades para adquirir nuevas habilidades mediante el aprendizaje. En otras palabras, a nuestra disposición para aprender nuevas cosas. Entre las más destacadas están la habilidad verbal, numérica, general, visual, mecánica, creativa, etc.

Conviene señalar que la aptitud y las habilidades de una persona no son lo mismo. Las habilidades hacen referencia a lo que ya se ha aprendido -pasado-, la aptitud se refiere a lo que puede aprender -futuro-. Muchas veces se confunden ambos conceptos, un error que deberías evitar.

Las aptitudes del trabajador juegan un papel clave en el ámbito laboral. Nos permiten saber si el trabajador progresa o está estancado. Podemos destacar muchas aptitudes, pero estas son algunas de las más relevantes:

  • Pensamiento crítico: permite identificar, analizar y reparar errores, además de aprender de los mismos. Para ello, es necesaria una aptitud que nos haga reconocer dichas situaciones.
  • Proactividad: en vez de responder a situaciones, actuamos antes de que se produzcan. Se toma el control de las mismas, y hacemos que pasen cosas en vez de esperar a que pasen.
  • Aprendizaje continuo: aprender de cada tarea, proyecto, experiencia o situación vivida. Así, nos convertimos en mejores profesionales. Una aptitud básica en plena transformación digital.
  • Liderazgo: a la hora de gestionar equipos de trabajo, es fundamental para dirigir e involucrar a los demás colaboradores.

Actitud y aptitud: diferencias

Llegados a este punto, seguramente te hayas hecho una idea de las diferencias entre actitud y aptitud. La más destacada es que la aptitud se refiere a la capacidad de adquirir habilidades, y la actitud es el resultado de un proceso. Nuestro pasado marca nuestra aptitud.

Otra diferencia importante es que la aptitud es innata, la actitud una suma de experiencias. La primera está asociada con la inteligencia, la segunda a nuestra personalidad. Además, la aptitud es en cierto modo rígida, inalterable. En cambio, la actitud es más fluida: puede cambiar de forma continua.

Actitud y aptitud en los empleados: ¿qué es más importante?

Conviene señalar que actitud y aptitud son igual de importantes en cualquier trabajador. Ya hemos dicho al principio que son dos rasgos complementarios que definen al trabajador ideal. Una mala actitud invita a prescindir del empleado, una mala aptitud genera dudas sobre su futuro.

En este punto, es importante señalar que una buena actitud facilita un buen clima laboral. Nos ayudará a tener al trabajador motivado, a colaborar con sus compañeros y a aprender. Pero lo más importante es que su comportamiento no generará conflictos con el resto de compañeros.

Por eso, tanto en la selección de personal como en las evaluaciones de desempeño hay que valorar estos aspectos. Contar con un software de recursos humanos como Sesame HR nos ayudará en esta tarea. No solo puedes realizar tus análisis, también comparar su evolución a lo largo del tiempo.

Tipos de trabajador según actitud y aptitud

Más allá de los empleados con una actitud neutral, vemos que tanto actitud como aptitud pueden ser positivas o negativas. Así, podemos identificar hasta cuatro perfiles profesionales que deberías tener en cuenta:

  • Actitud y aptitud positivas: el empleado ideal. Sabe hacer su trabajo, está motivado, es proactivo y su actitud le permite avanzar a nivel profesional. Siempre está dispuesto a continuar aprendiendo.
  • Buena actitud, mala aptitud: puede ser un diamante en bruto que pulir. Tiene ganas de aprender y se esforzará en alcanzar sus objetivos. Sabe que necesita mejorar, pero no cuenta con los conocimientos adecuados para cumplir con su tarea.
  • Mala actitud, buena aptitud: es un trabajador muy bien formado, pero poco ambicioso. Está bien en su zona de confort, y los retos no acaban de motivarlo. Podría tener poco compromiso con la empresa.
  • Actitud y aptitud negativas: no aporta nada a la empresa, su contratación fue un error. Si identificas estos rasgos durante el reclutamiento es el candidato que debes descartar.

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